Covid-19 y la libertad en España. Un ensayo.

El domingo, día 12 de abril 2020 y Pascua de Resurrección, fui denunciado por circular en bicicleta por una carretera pública de un pueblo cerca de mi casa. Mientras que los agentes de la policía local eran de la opinión que eso está prohibido por ley, yo no estoy de acuerdo. Es más, me pregunto a qué punto podemos fiarnos de las instituciones españolas como la prensa que sirven de fuentes de información, pero quienes, como veremos más adelante, también se pueden considerar como medios de control que sirven a la élite y su ‘arquitectura de la opresión’[1].

Es cierto que el Covid-19 nos preocupa, entretiene o ‘amenaza’ (como algunos prefieren decir) a todos. Lo que hasta ahora es menos cierto, es cómo podríamos protegernos mejor de lo que aún está por venir. Aunque a nivel global hemos adquirido una increíble cantidad de información sobre el virus en muy poco tiempo, ningún gobierno destaca por representar un ejemplo de cómo gestionar mejor una ‘mini-crisis’ como era el Covid-19 al principio. El Covid-19 es un problema manufacturado, no por sí mismo. Una pandemia como la que tenemos ahora se podría haber previsto hace años[2] y la tragedia resultante, probablemente podría haberse evitado con las medidas adecuadas. Sobre todo, después del surgimiento del MERS y SARS. No, el Covid-19 no es la amenaza imprevisible que nos dicen, sino una herramienta para fines que van mucho más allá del control temporal de una situación caótica.

‘El miedo’ ha sido empleado por la élite para controlar las masas durante siglos y parece que de nuevo, la élite se sirve del miedo para controlarnos. Lamentablemente, lo hacen con gran éxito. En España, uno de los países donde se han tomado las medidas más restrictivas, millones de personas llevamos encerrados en casa por más de cuatro semanas – con consecuencias económicas, físicas y psicológicas muy negativas que no se pueden negar. ¿Está justificado todo esto? Mientras que una mayoría parece aprobar las medidas, hay por lo menos unos 650,000[3] ciudadanos españoles que no están de acuerdo con la represión. Puede que haya más, pero son conscientes de la historia más reciente y saben que la ‘desobediencia civil’ puede ser costosa en un país en el cual el pueblo ha sido reprimido durante toda su historia y donde hay personas condenadas a 13 años de cárcel únicamente por expresar su opinión política. Desde esta perspectiva, arriesgar 18 meses de cárcel por respirar cinco minutos a fondo parece un riesgo desproporcionado. ¿Pero lo es, de verdad?

No todos contestarían afirmativamente. En una entrevista reciente, Edward Snowden, uno de los defensores de libertad y pensadores más críticos de nuestros tiempos, nos explica cómo el Covid-19 no es nada más que una oportunidad que se le ha presentado a una élite que sigue construyendo su ‘arquitectura de la opresión’. El Covid-19 es un brote de algo que podría costarnos más caro que seis semanas encerrados en un apartamento. No me atraen las teorías conspirativas, pero las reacciones al Covid-19 me dejaron en ‘estado de alarma’ mucho antes de que éste se declarara aquí en España. ¿Es coincidencia que el Covid-19 surgiera justo cuando los conflictos sociales en China, Rusia, América Latina y otros lugares estaban llegando a un nivel que desafiaba a los ‘regímenes en control’?  ¿Cuando el ‘efecto Greta’ por fin puso la crisis climática en el centro de la política, o al menos, de las comunicaciones de los mass media? ¿Dónde se han ido estas voces en los últimos dos meses? ¿Y por qué no estábamos mejor preparados considerando que el riesgo de una pandemia ya se había identificado hace años3? Con lo del confinamiento no puedo evitar pensar en la represión contra la ciudadanía catalana en la era de Rajoy.

¿No les parece raro que un país supuestamente democrático denuncie a ciudadanos por ir en bicicleta por una zona rural en un día festivo en el siglo 21? ¿No les resulta desproporcionada esta medida, comparado con las (nulas) medidas tomadas por la élite a la denuncia de la Comisión Europea contra España por incumplir la normativa de calidad del aire? Igual estas élites no tienen esta visión de una Europa solidaria y unida como la que presentó el presidente P. Sánchez en diferentes periódicos europeos. No se reconocen en la idea de una Europa con ideales conjuntos y fines solidarios. Hay una Europa y otra Europa. Por un lado, la Europa de ideales y valores compartidos que necesita el diálogo. Por otro lado, la Europa de normas impositivas de una plutocracia que se refiere a la ‘unidad’ en cuando puede beneficiarse del colectivo, pero la cual niega el ‘conjunto’ cuando se trata de asegurar el bienestar de todos. La primera tiene en su centro el diálogo con la ciudadanía y un discurso crítico, mientras que la segunda está motivada por la avidez de los pocos y una interpretación muy estrecha de las opciones disponibles.

Eso sí, alcanzar la Europa de ideales compartidos exige un poco más que llamar al gran hermano cuando conviene. Ante todo, requiere que cumplamos con las necesidades más básicas, como la protección de los refugiados y otras personas vulnerables, o el respeto mutuo. En el preámbulo a la Constitución Española, se prevé ”proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones”, un fin que está más detallado en Artículo 16, 1 donde “se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.” ¿Si uno circula en bici o anda por la calle, sin acercarse a nadie y evitando así un riesgo de contagio por el Covid-19 u otra enfermedad, acaso no está cumpliendo con estos ideales que la Constitución Española protege?

Imaginando que una restricción de movilidad total provocara más problemas que resuelve, ¿era lo suficiente visionario por parte del nuevo gobierno adornar la represión con excepciones como las definidas por el Artículo 7 del RD 463/2020[4]? El Artículo 7 estipula que “durante la vigencia del estado de alarma las personas únicamente podrán circular por las vías o espacios de uso público para la realización de”, entre otras actividades[5] “g) por causa de fuerza mayor o situación de necesidad o h) cualquier otra actividad de análoga naturaleza.” No creo que el presidente, quien quería ser el presidente “para todos los/las españoles/as”, pensase en el bienestar de todos en cuando se añadieron los párrafos g) y h) del artículo 7. Lo que tenía en mente eran sus amigos, y los amigos de los amigos. Igual a otros países autocráticos, España impone la represión a los demás y deja excepciones para los pocos. Y para ellos, siempre hay certificados que justifiquen una excepción[6]. ¿Lograremos a construir una “España moderna e innovadora” como la que prometió P. Sánchez durante la campaña electoral del año pasado con excepciones y discriminación?

No sé a qué punto era sincero con esta innovación. Cierto es que a los líderes de Vox y del PP les importan lo mismo las dificultades respiratorios de las víctimas de Covid-19 o de los ciclistas como les importan a los periódicos las vidas de los que ayunan para poder cumplir con el confinamiento. Lo único que ellos quieren, es llamar la atención. Si estuviesen sinceros, nos confrontarían con los destinos de todas las personas afectadas por medidas de prevención irracionales en lugar de hablar de Rajoy en ropa deportivo. De hecho, pienso que la pregunta central respecto al Covid-19 no es ¿Qué podemos hacer durante el confinamiento? como sugieren algunos periodistas sino ¿Por qué todas las instituciones españolas nos manipulan, atemorizan e intimidan? ¿Por qué no nos indican como protegernos ante la precariedad, ansiedad, problemas físicos y otras consecuencias negativas si la única justificación para el confinamiento deberían ser los riesgos sanitarios de una movilidad menos restrictiva? Igual es que las instituciones españolas, que han servido de medio de control para explotar al pueblo durante siglos, no han cambiado con el cambio de gobierno. Para la élite, lo de ‘Europa’ y ‘Covid-19’ son nada más que alibis, como las mascotas, que se llevan a la calle para que no les desenmascaremos por sus motivos verdaderos.

Volviendo al principio de mi artículo y reflejando sobre el tema de la Pascua, me pregunto ¿Qué haría un Mesías si estuviese entre nosotros? ¿Se quedará en casa por miedo de la represión? No creo. ¡Olvidemos las excepciones y los privilegios! En una España pluricultural, todos tenemos ‘un certificado’ que nos permite salir a la calle. Se llama la razón y es el único medio que garantiza la libertad de todos ante la desinformación y autoridades confundidas.

[1] Término adaptado de E. Snowden

[2] Piensen en la multitud de películas sobre el tema que ya surgieron en los años 90 o el estudio que avisó al gobierno alemán del riesgo de una pandemia en 2012, pero que fue ignorado.

[3] Número de denuncias por infracciones del Real Decreto 463/2020, hasta el día 13 de abril de 2020.

[4] Que se declaró por gestionar COVID-19

[5] que deberán realizarse individualmente

[6] De hecho, no me sorprendió que la primera pregunta de los agentes que me pararon fuera: “Usted tiene un certificado que le permite circular en bici?”

About blaubear

Born in 1973 in a small village in rural Switzerland and into a society largely dominated by cows (not only was the human population of one-hundred-and-forty outnumbered by them, but politics were driven by unreasonable subsidies for diary products) I was connected with nature from early age on. Observing nature on one hand and the deficiencies of a dysfunctional Swiss agricultural policy with farmers that had lost connection to the land that provided their income on the other, I soon started to question society and the meaning of life. Suffering also under a farcical public education I developed curiosity to discover on my own. That was how I soon learned that little of what I had been taught was true. Skepticism and interaction with people from for me new cultures fostered my interest for the world and eagerness to leave a life shaped by federalistic layman-ship. At the age of twenty-three I hit the road for the first time, an event that later translated into passion. Traveling between cultures has since become part of my life. At the age of thirty-three I finally realized my dream and did a degree in Environmental Engineering from which I graduated in 2009, only to leave Switzerland once more for my "real home" Spain. Unfortunately, the stay was a short one: a couple of months later I was offered a job in Southeast Asia, where I have worked and lived until 2017 before returning to Europe, and finally again to Spain in 2019. My journey through different countries and cultures has taught me that regardless of how different our thinking and values are, no matter what approaches we take, we all can learn from each other. And if we are open enough to see the common instead of pointing out the differences, then we have a chance to live in harmony and peace: Life is all about integration, not exclusion!
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